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Por qué el radón está en boca de todos: nuevas obligaciones y un riesgo real para la calidad del aire interior
01-06-2026
La calidad del aire interior se ha convertido en una de las principales preocupaciones relacionadas con la salud y el bienestar en edificios y viviendas. En este contexto, el gas radón ha cobrado especial protagonismo tras la entrada en vigor de nuevas obligaciones legales que exigen su medición en determinados centros de trabajo.
Aunque para muchas personas sigue siendo un gran desconocido, el radón es un riesgo real que puede afectar tanto a trabajadores como a residentes. Conocer qué es, cómo se detecta y qué medidas existen para reducir su concentración resulta fundamental para garantizar espacios interiores más seguros.
¿Qué es el gas radón?
El radón es un gas radiactivo natural, incoloro e inodoro que se genera por la desintegración del uranio presente en ciertos tipos de suelo y roca. Al no tener color, olor ni sabor, su presencia pasa completamente desapercibida sin instrumentos de medición específicos.
Este gas puede penetrar en los edificios a través de grietas, fisuras, juntas de construcción o conducciones subterráneas y acumularse en espacios cerrados. Aunque suele concentrarse en sótanos y plantas bajas, también puede encontrarse en niveles superiores debido al uso de aguas subterráneas o a determinados materiales empleados en la construcción.
Precisamente por el riesgo que supone para la salud, en mayo de 2025 entró en vigor la Instrucción IS-47 del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), que regula la medición de la concentración de radón en determinados centros de trabajo.
Nuevas obligaciones para las empresas
La nueva normativa establece que determinadas actividades deberán medir obligatoriamente la concentración de radón en sus instalaciones.
Entre las empresas afectadas se encuentran:
- Las que desarrollan actividades en espacios subterráneos, como minas, cuevas turísticas, túneles o aparcamientos subterráneos.
- Las que utilizan o manipulan aguas subterráneas, como balnearios, centros de hidroterapia o plantas embotelladoras.
- Aquellas cuyos puestos de trabajo se sitúen en planta baja o bajo rasante y estén ubicados en municipios clasificados como Zona II según el Apéndice B del Código Técnico de la Edificación (CTE).
Estas organizaciones deberán realizar mediciones para verificar si los niveles presentes pueden representar un riesgo para la salud de los trabajadores.
¿Cada cuánto tiempo debe medirse?
La primera medición deberá realizarse dentro de los seis meses posteriores a la apertura del centro de trabajo.
Posteriormente, la frecuencia dependerá de los resultados obtenidos:
- Si nunca se ha superado el nivel de referencia de 300 Bq/m³ y no existen sistemas correctores instalados, la medición deberá repetirse cada 10 años.
- Si se han registrado concentraciones elevadas anteriormente o se han implantado medidas de remediación, la medición deberá repetirse cada 5 años.
El radón también puede estar presente en las viviendas
Aunque la nueva regulación se centra principalmente en los lugares de trabajo, el radón también puede acumularse en viviendas, especialmente en aquellas situadas sobre terrenos graníticos o altamente permeables.
La normativa establece que el nivel máximo de concentración de radón en viviendas es de 300 Bq/m³ como promedio anual.
Por ello, cada vez más propietarios se interesan por conocer los niveles existentes en sus hogares, especialmente en zonas identificadas como de mayor riesgo.
¿Cómo se mide el radón en una vivienda?
Existen diferentes sistemas para medir la concentración de radón:
- Medidores continuos, que proporcionan resultados en periodos cortos de tiempo, desde horas hasta varios días.
- Detectores integradores, que permanecen instalados durante varios meses y permiten obtener una medición mucho más representativa de la exposición real.
Aunque actualmente es posible adquirir algunos dispositivos de medición a través de internet o distribuidores especializados, para obtener resultados fiables y válidos es recomendable recurrir a laboratorios acreditados y empresas especializadas en medición de radón. Estos profesionales garantizan la correcta colocación de los detectores, la interpretación de los resultados y el asesoramiento sobre las posibles medidas correctoras.
¿Cómo puede reducirse la concentración de radón?
Cuando los niveles detectados son elevados, existen diversas soluciones para reducir la presencia de este gas en el interior de los edificios.
Ventilación mecánica controlada
La instalación de sistemas de ventilación mecánica controlada de doble flujo con recuperación de calor constituye una de las medidas más eficaces. Estos equipos permiten renovar continuamente el aire interior, extraer el aire viciado y aportar aire limpio filtrado desde el exterior.
Además de reducir la acumulación de radón, mejoran la calidad del aire interior y contribuyen al ahorro energético gracias a la recuperación de calor.
Sellado de fisuras y grietas
Otra medida habitual consiste en localizar y sellar las fisuras, juntas o puntos de entrada por los que el gas puede infiltrarse desde el subsuelo.
Soluciones constructivas específicas
Cuando las concentraciones son especialmente elevadas, el Código Técnico de la Edificación contempla diversas soluciones de protección frente al radón, entre las que destacan:
- Cámaras de aire ventiladas.
- Barreras de protección.
- Sellado de cimientos y elementos constructivos.
- Sistemas de despresurización del terreno.
- Mejora de la ventilación de los espacios interiores.
La documentación técnica del Código Técnico de la Edificación recoge con detalle estas soluciones y los criterios para su aplicación según cada caso.
¿Por qué es peligroso para la salud?
La principal preocupación relacionada con el radón es que sus partículas radiactivas pueden ser inhaladas y depositarse en los pulmones. Con el paso de los años, esta exposición continuada puede dañar las células pulmonares y aumentar significativamente el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón.
De hecho, el radón está considerado la primera causa de cáncer de pulmón entre las personas no fumadoras y la segunda causa en fumadores, solo por detrás del tabaco.
El riesgo aumenta cuanto mayor es la concentración de radón y cuanto más prolongada es la exposición.
Uno de los principales problemas es que el radón no produce síntomas inmediatos. Sus efectos suelen manifestarse años después, cuando aparece la enfermedad. Entre los síntomas asociados al cáncer de pulmón avanzado se encuentran:
- Tos persistente o aparición de una nueva tos sin causa aparente.
- Dolor en el pecho.
- Dificultad para respirar.
- Fatiga continuada.
- Pérdida de peso involuntaria.
- Dificultad para tragar.
Además, algunos estudios científicos han investigado una posible relación entre exposiciones elevadas al radón en interiores y determinados casos de leucemia infantil, aunque esta asociación continúa siendo objeto de investigación.
La importancia de medir para prevenir
La única forma de saber si existe radón en una vivienda o lugar de trabajo es medirlo. Al tratarse de un gas invisible e inodoro, no puede detectarse por otros medios.
Realizar mediciones permite:
- Confirmar la presencia de radón.
- Conocer su concentración real.
- Evaluar si existe riesgo para la salud.
- Determinar qué medidas correctoras son necesarias.
- Verificar la eficacia de las soluciones implantadas.
Por ello, tanto la normativa como los especialistas en calidad del aire interior coinciden en la importancia de incorporar el control del radón a las estrategias de prevención y salud ambiental.
Un reto creciente para viviendas y edificios
La creciente atención que está recibiendo el radón responde a una realidad cada vez más evidente: la calidad del aire interior es un factor determinante para la salud. Las nuevas obligaciones legales han puesto el foco sobre un contaminante que hasta hace poco pasaba desapercibido, pero cuya presencia puede tener consecuencias importantes a largo plazo.
Tanto en los centros de trabajo como en las viviendas, contar con mediciones realizadas por profesionales acreditados y aplicar las medidas correctoras necesarias constituye la mejor herramienta para reducir riesgos y garantizar espacios interiores más saludables.
